De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sn duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación.
J.L.Borges
El último cuento de tu vida
Me lo contaron y yo se lo cuento a ustedes a condición de que no me pregunten quién lo hizo
-¿Qué harías si supieras que van a contarte el último cuento de tu vida?- preguntó la camarera de aquel bar de carretera, con la voz ronca de haber tragado humo de mil cigarrillos y haber soportado cien manos en el culo a lo largo de su jornada de trabajo.
- Supongo que escuchar- respondió él, apurando de un trago largo lo que fuese que estaba bebiendo.
Tiene la mirada tan triste, pensó ella mientras pasaba la bayeta por el mostrador.
Tiene las manos tan estropeadas, pero sigue siendo bella. Tuvo que ser tan bella. Qué pena que una mujer tan bella destroce sus manos sirviendo copas a camioneros pensó él.
-¿Vas a tomar algo más?- preguntó ella.- Es que estoy a punto de cerrar. Los pies me están matando... -No, no- se apresuró a responder él, pero sin hacer ningún ademán de abandonar la barra.
La mujer - él calculó que debería andar por los cuarenta- barrió y pasó la fregona, se echó las manos a los riñones varias veces, como si fuese a quebrársele la cintura.
Entonces él, espontáneamente, se levantó y la ayudó a colocar las sillas sobre las mesas y sacó la bolsa de desperdicios a los contenedores que había en el aparcamiento. Ella no hizo nada por impedirlo, se limitó a aceptar su ayuda, agradeciendo su gesto con una débil sonrisa.
Cuando bajó la persiana comentó:
-Normalmente el bar abre las 24 horas ¿Sabes?. Pero es que Espe, la chica que atiende por las noches se puso enferma de pronto. Muy enferma. Un pecho ¿Sabes?.
Y su marido la ha dejado. Con dos críos, además. Y el jefe no ha conseguido sustituta todavía. Trabajo quince horas y ya no puedo con mi alma, de verdad... -Bueno dijo él- voy a ir cogiendo carretera, que va siendo hora, digo yo. -¿Te llamas...?- preguntó ella con cierto embarazo, como si aquello pudiese dar pie a malentendidos.
- Abelardo- se apresuró a responder él, deseando prolongar de algún modo la despedida.
Hacía mucho frío.
Se estaba formando escarcha sobre el suelo, sobre las hierbas ralas del terreno baldío que rodeaba el bar. Sobre los parabrisas de los coches.
-Yo me llamo Carmen- dijo ella, mientras se frotaba las manos y zapateaba en el cemento para entrar en calor.
-Empieza a helar- comentó Abelardo.
- Sí ¿Hacia dónde vas? preguntó Carmen.
-Hacia Madrid - Te estarán esperando, claro...
A Abelardo le dio vergüenza admitir su soledad en ese momento y musitó algo parecido a un sí.
Se encaminaron hacia donde habían aparcado los coches. Despacio. Mirándose de reojo.
-¿Por qué me preguntaste lo del cuento? ¿Puedo tutearte, no? - Sí, sí. Tutéame. No, por nada. Por nada. Era solo una pregunta...
Él abrió la puerta del coche.
-Encantado de haberte conocido, Carmen. Ve con cuidado. Ha llovido. Seguramente se formará hielo... - Descuida- le tranquilizó ella.
Subió al coche y él hizo otro tanto. Se despidieron con un gesto de las manos a través de las ventanillas. Arrancaron. Él la siguió unos doscientos metros. Ella giró en un desvío comarcal y solo tuvo un segundo para pensar cuando le vio por el retrovisor, detenido en el cruce, con los intermitentes encendidos.
Dio marcha atrás, le hizo unas señas con las luces. Algo que podía interpretarse como un sígueme. Y él la siguió como un cachorro abandonado.
La casa de Carmen estaba plantada en un terreno sin árboles, justo antes de la señal con el nombre del pueblo.
Era una casa pequeña, cuadrada, en construcción, desnuda de pintura y de todo adorno.
Ella abrió la puerta, le invitó a pasar, encendió las luces. Bombillas de sesenta watios que desprendían una claridad mortecina.
Señaló una silla en la que podía sentarse y un lavabo al fondo de un pasillo muy corto.
Encendió una hornalla de la cocina y se puso a preparar un colacao, mientras se despojaba de aquellos botines que le ahogaban los pies. Los tenía hinchados.
Él se quedó inmóvil, de pie, mirándola. Ella sirvió el colacao y se dejó caer como un fardo sobre una de las sillas.
Él bebió de su taza sin casi mirarla. Con los ojos fijos en las baldosas del suelo.
No se dijeron nada.
Después ella se levantó, empezó a desnudarse y mientras se encaminaba a la única habitación de la casa, como si él no estuviese presente, terminó de hacerlo. Orinó desnuda, con la puerta del lavabo abierta. Tenía la piel muy blanca y el cabello algo pajoso de teñirlo muchas veces, pero era muy hermosa aún.
-No te quedes ahí- dijo ella. No querrás meterte en cama así vestido.
Él obedeció. Se sentó en la cama a oscuras. Primero se quitó los zapatos y los calcetines. Hacía mucho frío. Pensó en la desnudez de ella porque se trataba de un frío realmente insoportable. Tardó algunos minutos en salir del cuarto de baño. Cuando llegó a la habitación, él ya se había metido en la cama.
¿Siempre te desnudas a oscuras?- preguntó ella, mientras encendía un velador.
Fue entonces cuando él vio aquello.
Toda la habitación estaba llena de libros. Libros buenos. Clásicos. Títulos imprescindibles. En pilas. Por los suelos. Sobre la coqueta. Sobre sillas, contra la pared. En los rincones. Encima de la mesilla de noche había un ejemplar de El Aleph de Borges.
No acertó a articular una palabra. Un nudo en la garganta se lo impidió.
Hacía años que no era capaz de llorar.
Ella se arrimó a su cuerpo. Estaba aterida. Temblaba.
Se abrazó a él. Él notó su cálido aliento en la nuca mientras le susurraba un buenas noches.
Y lloró en silencio hasta quedarse dormido.
(0) comentar me lo dijeron hoy, pero equivocaron el orden. A partir de hoy, el número 12 y el número 1, realizan una operación de permuta sin precdentes en la historia de la matemática
Equipo de supervivencia
Si por un aciago destino algo terrible ocurriese y fuese preciso declarar el estado de excepción. Si se cerniesen sobre el mundo negras sombras o una noche constante, mi equipo de supervivencia incluiría lo siguiente:
12. El amor a mí misma que tan a menudo me falta.
1. Tú.
2. La certeza de que los que quiero están a salvo. También mi gato.
3. Agua mineral.
4. Un cuaderno y un bolígrafo.
5. El recuerdo de una melodía de Bach.
6. Fruta deshidratada.
7. La capacidad de recordar los sueños.
8. El volumen de las obras completas de Alejandra Pizarnik.
9. Manos intactas: de ellas nace todo y con ellas puede darse todo.
9. Una manta grande capaz de envolver a más de uno.
10. El don de abrazar y los labios tibios.
11. Cepillo de dientes.
Amar es sentirte fuerte cuando el otro no lo es.
Lo ha mentido el Mentiroso. 17.7.02
Dos por dos cuatro
Dos por tres seis
Dos por cuatro ocho.
Dos por cinco diez.
Dos por seis doce.
Dos por siete catorce.
Dos por ocho dieciséis.
Dos por nueve dieciocho.
Dos por diez veinte.
Dos por once veintidós.
Dos por doce veinticuatro.
Y no me lo discutan.
Porque lo digo yo y ya está.
Lo ha mentido el Mentiroso. 15.7.02
Este poema de Ángel González no lo encontrarán en ningún libro.
Quise
A Susana Rivera
Quise mirar el mundo con tus ojos
ilusionados, nuevos,
verdes en su fondo
como la primavera.
Entré en tu cuerpo lleno de esperanza
para admirar tanto prodigio desde
el claro mirador de tus pupilas.
Y fuiste tú la que acabaste viendo
el fracaso del mundo con las mías.
Ángel González
Recordaba un suplemento de El País. Se publicó para San Valentín.
Lo buscó horas y horas. Buscó entre sus carpetas de recortes hasta dar con él.
Porque quería hacer bien los deberes.
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Este hotel de sábanas blancas
(estas sábanas son tan distintas
a aquellas del hotel de la Reunión)
este crepúsculo al mediodía
esta media sonrisa idiota
que pintas en mi cara si pasas
la mano sobre ella
las paredes de esta habitación
son tan distintas
a aquellas otras del hotel de la Reunión...
Joaquín ha hecho café al desayuno
-desvarío con la curva de tus caderas-
Amel hace crujir sus dedos
entre desesperada y aburrida
las sombras se van apagando lentamente
y aparece un amanecer furioso
de rojos como nadie ha visto
-me gusta el cimbrear de tus caderas, me gustas allí donde tu carne es abundante, me gusta que te rías de nada por nada-
Siento estar robándole los versos a otro
porque es otro el que dice estas palabras:
el que está contigo,
y no el que está solo en el hotel de Joaquín
Lo ha mentido el Mentiroso. 13.7.02
Sobrevoló el nido de la tortuga inspeccionándolo minuciosamente.
Decidió que sus dimensiones eran adecuadas, que esas vistas al mar eran las que siempre había soñado para el último de sus huevos.
Se había informado bien: el nido permanecería vacío durante unos días.
Se posó sobre la arena, sacudió las patas -la arena resultaba sorprendente, como todo lo nuevo- y recogió sus oscuras alas de seda con ademanes de invasora.
Acto seguido metió una pata en el nido y después la otra y puso, no sin cierto esfuerzo- un huevo muy hermoso, cubierto de letras y de símbolos.
Toda la vida había trasladado los huevos en el pico para depositarlos en nidos ajenos. Sin embargo, este era especial. Se trataba de su último huevo. Merecía que por él tuviesen lugar ciertas ceremonias.
Una vez hubo concluido el proceso, abandonó el hueco y contempló el huevo ufana, con satisfacción de artista.
- Es la mar de bonito este huevo, sí señor- pensó para si. El huevo más bonito que he puesto nunca..Y dará mucho que hablar.
Después se sacudió nuevamente la arena de las patas y echó a volar sin remordimiento.
El destello del sol en sus alas y su cu cu se perdieron en la línea del horizonte.
Y vaya que dio que hablar aquel asunto del huevo.
El azar hizo que un ornitólogo que había acudido a la playa a censar gaviotas encontrase aquel raro ejemplar. Nada más ni nada menos que en el nido abandonado de una tortuga. Un huevo que, además, en su cáscara mostraba letras y signos que inexplicablemente hacían pensar en El siglo de las luces .
A pesar de que la incubación no prosperó (de lo cual se culpó al apagón causado por los climatizadores de toda la ciudad funcionando a la vez durante la canícula, dejando sin suministro eléctrico a la incubadora), se elaboró una tesis que causó impresión en las sociedades ornitológicas de todo el mundo. Se dieron conferencias y se debatió sobre la influencia del cambio climático en las costumbres y el código genético de los pájaros.
La tortuga, que jamás tuvo conocimiento de aquella nidación estrafalaria que había tenido lugar en su agujero, empezó a soñar con una casa que se cerraba con seis llaves y durante el día acudían a su mente de modo obsesivo las palabras Explosión en una catedral. Pero esto no llegó a oídos de ningún científico porque las tortugas no hablan.
Todo menos to be or not to be o Texto ajeno del viernes
Como lluvia tibia, saliva.
Como cuadernas, arqueadas vértebras.
Como viento suave hinchando lienzos,
el silencio roto, el gemido.
Labios rojos, partidos
sonidos guturales.
Dulce, inequívoca caricia labradora,
pan para el nácar de los dientes,
encía, roces digitales,
oquedad para derramar aliento.
Alimento.
Imposible el sueño sobre las sábanas blancas,
cuerpos henchidos, escorados, amantes
forzando los goznes del silencio.
Sed. Olas. Corvas.
Aristas. Curvas. Carne en términos de liturgia,
acaso hundidas las manos en los pechos,
y en el vientre flores suculentas.
Enséñame a derivar sobre este lecho, amor,
en el que te tendiste a esperarme.
Desnudo y ávido en los atardeceres del verano.
no me podía resistir a irme sin dejaros esto.
Las secciones no funcionan, y me he dejado sin subir una cuarta parte de los textos, pero quedaba tan poquito, que he preferido dejar esta versión beta para los selectos lectores de laMentira
Si es martes, y estamos entre las siete y ocho de la tarde o las once y doce de la noche, si te conectas con telefónica, usas el internet explorer 5, tu sistema operativo es windows 98, tu resolución de pantalla es 1024x768, tienes instalado el plug-in de flash y has entrado por el enlace de iespana o de la Niña... enhorabuena, eres un usario medio de los visitantes de esta página.
Si no es así, probablemente no existes, así que plantéate tu materialidad antes de volver a entrar a esta página.
Me lo dijo Nedstad, coincidiendo con la visita 11071, que es un número tan bueno como cualquier otro.
este fin de semana nos vamos aquí, y dedicaremos quince días a ser inmensamente felices. Recuerdo el estupor que sentí la primera vez que fui, hace ocho años, cuando compartí aulas y mesa con gente de todo el Magreb, lo seductor de su idioma, su forma de vida no-tan-distinta, los nombres que me ponían, el mar grandenorme, el ingente, el mar de la infancia, el sol bebido día a día, el sabor nuevo de la amistad nueva, las noches sin dormir, los amaneceres en la playa, la alegría de los ociosos.
Para ser concisos, que si a partir del domingo actualizamos, será por despiste.
Van llegando los dones
Otra tortuga para la colección en el botón de los dones
sitios espejo
Hemos descubierto un nuevo sitio espejo... Tortoisehead, al que, como no podía ser de otra forma, hemos añadido a nuestro webring particular (busquen en la tortuga que pugna por salir a la superficie en el ángula inferior dercho, y ya verán qué risa)
Me gustan tus ojos. Dos ajenos
Breves acotaciones para una biografía
Cuando tengas dinero regálame un anillo,
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo,
pero luego no digas que no sabes lo que haces.
Haces haces de leña en las mañanas
y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
como te muevas te arrancaré el aroma.
Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte ésta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto.
Eso era amor...
Le comenté:
-Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
-¿Te gustan solos o con rimel?
-Grandes, respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.
Ángel González
¡En el breve espacio en que no estaré, lean a Ángel González de una vez por todas, rediez!
Lucas y Txema han comenzado las hostilidades en las I BlogWars. Aquí tenemos el Casus Belli de este cruento enfrentamiento. En laMentira, como pueden apreciar, hemos desempolvado el casco de nuestras singladuras en la Cuba del 98 y nos hemos hecho fuertes junto a nuestro compañero el decadente agente doble y el ectoplasma de Frank Zappa, en el cuartel de las Industrias Korochi, al que deben todos Vds dirigirse para alistarse sin ninguna duda ¿El enemigo? Kaoscity el Apóstata, apoyado por sus secuaces el decadente agente doble, Delia la agorera y ¡ay!, nuestro otrora compañero de fatigas el Ogro al que, en un gesto de suprema elegancia y magnanimidad, no le retiramos el enlace.
p.s.: no se tomen al pie de la letra eso de laMentira está con Korochi
Lo ha mentido el Mentiroso. 8.7.02
y me enfrenté a la bestia plural que da nombre a la maraña de piedra entretejida, yo perseguí a Asterión y le hice correr tras de mí...
...bueno, la verdad es que no fui a Creta, ni al palacio de Minos, ni siquiera tuve que cruzar más de tres calles, sino que a las ocho menos cuarto de la mañana ya estaba en el bar, enfundado en esa camiseta roída y antiquísima. Aunque no sé para qué, si total el encierro ha sido malo-malo.
(no, no es que le tenga un apego especial a los sanfermines y a correr perseguido por 500 kilos de carne rematados con dos cuernos afilados como dagas venecianas, pero hay de quien no ha podido estar allí in situ, y de alguna manera hay que acompañarle, ¿no creen?)
Vd bien sabrán que lo que no se nombra no existe, o más bien no puede ser comprendido, y por eso las regiones del pensamiento que no podemos describir siempre han tenido atareados a los filósofos. Hubo una época en que a mí me quitaron el nombre, y ayer me dieron a tiempo parcial el de Morana, que es tan bueno como cualquier otro; quizá me describa ese nombre. Las cosas, al cambiar de materia, cambian la forma de ser nombradas, y a la reunión de un puñado de ladrillos ya no le llamamos ladrillos, sino pared, por poner un ejemplo prosaico. Pero pasa continuamente. No así con las personas, y cuando cambiamos nos siguen llamando con un nombre viejo que sospechamos ya no es el nuestro.
La persona que me quitó el nombre es la que ahora cuidó a Margaret unos posts abajo, y la que me dio nombre nuevo me regaló además el texto ajeno de hoy.
El hijo
De haber tenido un hijo
no lo habría llamado
ni mario ni orlando ni hamlet
ni hardy ni brenno
como reza mi fardo onomástico
más bien le habría
colgado un monosílabo
algo así como luis o blas o juan
o paz o luz si era mujer
de manera que uno pudiera convocarlo
con sólo respirar
de haber tenido un hijo
le habría enseñado a leer
en los libros y muros
y en los ojos veraces
y también a escribir
pero sólo en las rocas
con un buril de fuego
de modo que las lluvias
limpiaran sus palabras
defendiéndolas
de la envidia y la roña
y eso aunque nadie nunca
se arrimara a leerlas
de haber tenido un hijo
acaso no sabría que hacer con él
salvo decirle adiós cuando se fuera
con mis heridos ojos
por la vida
Mario Benedetti
Lo ha mentido el Mentiroso. 6.7.02
el botón de los dones, a la derecha, ya funciona. Bueno, funciona desde hace unos días, pero ponerlo y además anunciar que ya funcionaba era demasiado trabajo para un solo día. Qué quieren, la edad nos vuelve perezosos. O quizá es que hacemos las cosas con mayor eficacia.
El caso es que también les estoy ordenando los textos, a la altura del ojo. No me lo agradezcan.
Lo ha mentido el Mentiroso. 6.7.02
Me tiemblan las manos. No sé por qué.
Puede ser cansancio. Puede ser.
Pueden ser los cambios de presión y el dolor de cabeza en este tiempo tan extraño. Esta noche volví a acercarme al mar, y volvió a parecerme el mismo de siempre, a pesar de lo que dice Ana.
Puede ser nostalgia de Ana. Puede ser.
Puede ser que tengan ganas de cogerte y de que me cojas, de notar la carne caliente aplastando mis manos y cortándome la circulación. Pablo dice que tengo las manos bonitas, pequeñas y de dedos finos, con la piel oscura y las líneas muy marcadas. Puede que tiemblen porque saben que no me gustan.
Hoy han cogido un despertador, una almohada, un grifo, mis mejillas, una taza, un tarro de café, un cepillo de dientes, unas gafas, un sujetador color crema, unos vaqueros, una camiseta de pico, una cartera, un billete de autobús y así hasta este lápiz, hasta este teclado. Puede que sean demasiadas cosas para unas manos tan pequeñas, puede que les quede memoria física de la taza de café de mediodía pero no del roce fugaz con tus manos, y les aterra perder recuerdos. Puede ser, sólo puede ser.
Hoy han cogido fotos de viajes ajenos, que siempre hacen surgir una rabia sostenida, y he pasado las yemas sobre ellas sin mirarlas sintiendo todas las cosas que había detrás.
O sencillamente porque mis manos tratan de decirme algo. Órganos vitales.
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Tenía un vestido blanco de baile muy ceñido que suavemente destellaba, y dibujaba tan nítidas y tan vivas las líneas de su cuerpo que parecía desnuda. Un vestido del mismo color que su piel, que besaba el suelo y la obligaba a dar unos pasitos cortos, unos saltitos de grillo (...)
- Muy guapa, sí, lindo cuerpo, linda cara -dijo Bermúdez-. Y a mí su voz no me parece tan mala.
- Le contaré que esa mujer tan mujer no lo es tanto -dijo don Fermín-. Le gustan las mujeres.
- ¿Ah, sí? -dijo Bermúdez-. ¿A esa mujer tan guapa? ¿Ah, sí?
Mario Vargas Llosa, Conversación en la catedral
...hacía tanto tiempo que no veía tanta descripción con tan poco. El diálogo es accesorio.
Margaret era una acumulación de nudos y callos a lo largo de su diminuto cuerpo. Decía que había nacido el mismo año que el hospital colonial donde la atendí.
Lunes - Hora de la pastilla, Margaret
- No la necesito, querida. Ya la he tomado.
- No puede ser ¿quién se la ha dado?
- El hombre invisible. Así que ya te puedes ir por donde has venido.
An invisible man, me había dicho. Veía hadas y seres que la rodeaban. Había enterrado a su familia entera y muchas veces me pregunté qué era lo que le motivaba a mantenerse viva.
- Pues quisiera hablar con ese Hombre Invisible, porque estoy segura de que la pastilla que te ha dado no es la misma que te traigo yo.
- Me váis a matar entre todos. Ya tomé mi pastilla, así que hasta mañana no pienso tomar ninguna más ¿te crees que no me doy cuenta de todo lo que pasa a mi alrededor?
- Lo único que le digo es que ese Hombre Invisible le ha dado una pastilla distinta, y hasta que no se tome esta, no puedo ir a atender a los demás pacientes.
- Trae aquí hija, eres tan buena...
Y me pasó la mano encallecida por la cara.
Miércoles - Soy un ángel. No tengo edad, cariño.
- No dudo que lo sea, Margaret, pero incluso los ángeles tienen que tomar su medicación. Además, hoy hablé con el hombre invisible, y me dijo que no podía venir a darle su pastilla, así que se la traigo yo.
- ¡Oh! pobrecito... no estará enfermo, ¿verdad?
- ...ha salido de viaje. No sabe cuándo volverá.
- Trae aquí, hija, eres tan buena.
Viernes - ¿No viene nunca nadie a verla, Margaret?
- Todos los míos están muertos. Alguna vez pienso que debería ir a verlos al panteón, total, sólo está a 45 millas de aquí.
- ¿La enterrarán a usted allí?
- No, hija. A mí no me reservaron sitio porque sabían que no me iba a morir.
- ¿Que no se va a morir?
- La muerte se ha cansado de esperarme hija. Yo he sido más tozuda. Así que hoy, nada de pastillas. No hacen más que fatigarme más. Estoy tan cansada...
Y me pasó la mano encallecida por la cara. La cambiaron de hospital, se fue a uno público, y estoy segura de que allí sigue contando historias de cuando fue hada, y de cómo se convirtió en humana para casarse con un granjero de bigotes retorcidos, y de aquella vez que le hizo crecer alas a su perro para que llegase a tiempo de anunciar un incendio, o de sus paseos por el Olimpo griego, y de cómo las diosas no eran como en las litografías, sino mucho más rubias.
[...]
Dos cuervos en alegre conversación
Mírame. Tú que pareces ver tan lejos, mírame.
Me aterra la facilidad con que te muestras.