Escribir una novela es como mirarse muy dentro a sabiendas de que es mejor mirar para otro lado. Es el vistazo debajo del telón antes de la obra que le restará magia a la representación.
Escribir una novela es como saber que vas a contarlo todo quedándote corto, como saber que vas a sacar todas las historias de ti, y no va a quedar ninguna para darte consuelo; escribir una novela es conjurar todos los futuros en un pasado como en un acto de magia. Escribir es sorprender, ofrecer y desechar tercamente. Escribir una novela tiene de riesgo tanto como de regalo. Vaciarse de palabras es un don precioso para el que lo recibe. Por eso mi compañera y yo, que somos brujos, andamos buscando formas de burla a la novela. Por eso ella me vela escribiendo y yo le meto historias en el bolsillo del delantal cuando se queda dormida en la cocina. Mientras dure la novela.
Y luego, otra vez al principio.
Mensaje Internacional por el dramaturgo alemán Tankred Dorst
Siempre de nuevo nos planteamos la pregunta de si el teatro sigue aun teniendo vigencia. Durante dos mil años el teatro sirvió al mundo de espejo, planteaba la situación del hombre. La tragedia reflejaba la vida como destino fatal, y la comedia muy a menudo también. El hombre estaba plagado de defectos, erraba de un modo fatal, se encontraba en pugna con sus circunstancias, ansiaba el poder y era débil, pérfido y naif, tenía la inocente alegría del ignorante y enfermaba de Dios.
Ahora oigo decir que nuestra vida ya no es abarcable con los medios tradicionales del teatro, ni con la dramaturgia tradicional, y por lo tanto ya no sería posible contar historias. En su lugar: textos de diversa índole, ausencia de diálogos reemplazados por enunciados y declaraciones. Ninguna acción dramática. En el horizonte de nuestras vidas emerge ya otra especie humana muy diferente: seres clonados y manipulados genéticamente a deseo y según intención. Este nuevo tipo de hombre infalible –si lo hubiere– no precisaría ya del teatro como nosotros lo conocemos. Los conflictos que en él se ven planteados, le resultarían ininteligibles. Pero el futuro no lo conocemos. Creo que deberíamos con toda la fuerza y todo el talento que nos ha sido dado –por quien no sabemos– tratar de defender nuestro presente maligno, bello y lleno de imperfecciones, nuestros sueños irracionales y nuestros esfuerzos en vano, contra el futuro incierto. Los medios de que disponemos son abundantes: el teatro es un arte impuro y en ello radica su fuerza vital. Utiliza sin miramientos todo lo que se le pueda cruzar por el camino. Siempre traiciona sus propios principios. Se sobreentiende que no está a salvo de las modas vigentes de la época, se sirve de la imaginería de otros medios, se expresa a veces con lentitud, otras con vivacidad, tartamudea, enmudece, es exagerado, extravagante y banal, se esquiva, fulmina historia y no obstante las cuenta. Estoy esperanzado de que el teatro siempre de nuevo se llena de vida, en tanto que los hombres sienten la necesidad de presentarse y mostrarse mutuamente como son y como no son y como deberían de ser. Si ¡que viva el Teatro! Pues es uno de los grandes inventos de la humanidad, grande como el invento de la rueda, como el dominio del fuego
Me senté a descansar. Los árabes pusieron el pueblo encima de una montaña. De árabe le queda bien poco: todas las calles de aquí se llaman "Obispo Nosequé", "Fray Nosecuantos", "Aquel Papa" o "Este Otro Cardenal".
La calle estrecha hace pared con la iglesia. Levanté los ojos: Carrer de L' Esperança.
Al menys ens queda L´Esperança.
(0) comentar Las aves, las torres, el agua, la flauta (cuento para P.)
Un rey del norte forjó monedas de hierro. En el anverso grabó la forma de la torre de su castillo, que era octogonal en la base como el relieve de la moneda, y lisa y redonda en su parte más alta. Bajo la torre estaban grabadas tres ondas, en representación de que su reino era una isla y ninguno lo podía conquistar ni derribar la torre octogonal. En el otro lado de la moneda, donde debía ir su perfil, hizo grabar un ave sobre una flauta, para que todo el que traficase con ella supiera que en Islandia los poetas y cantores habían conseguido imitar y unirse a la naturaleza, de manera que la gente de Islandia estaba tan identificada con la tierra hasta el punto de formar parte de ella como lo forma el monte, el río que lo parte o las flores de los campos.
Cuando los noruegos derribaron la torre y excluyeron del comercio carnal a los islandeses, creían estar condenándolos a la endogamia y la desaparición; robaron las arpas y quemaron los poemas épicos para que no quedase memoria del pueblo de la Torre Indoblegable. Pero las monedas octogonales se habían esparcido por todo el Norte y aún por el Mediterráneo, y cuando los islandeses expulsaron al vikingo y reedificaron la torre, no quedaba ni una sola de esas monedas en toda la isla. Pero sirvieron fuera de ella para comprar reinos, pagar favores, sobornar prostitutas o financiar expediciones marítimas.
A los pocos años, víctima de los rigores del tiempo, era casi imposible encontrarlas. Pero si se tiene la fortuna de hallar al menos dos, basta con hacerlas tintinear entre sí para escuchar la melodía de aquellos poemas épicos que quemaron los bárbaros.
Podados los árboles, la entrada de la primavera me sorprendió recogiendo las ramas para quemarlas, quitando las hojas secas con cuidado (y con un rastrillo, claro), moviéndome de un lado a otro para que no llegase la primavera un día antes -al revés que a aquel personaje tan simpático de Tomeo- y encontrase la huerta hecha un desastre.
Íbamos para media hora, y ya estaba cayendo el sol cuando mi padre y yo fumábamos satisfechos un cigarrito mirando los naranjos. La primavera podía llegar cuando quisiese, que nos iba a pillar prevenidos. El ciclo de la vida, ah qué hermoso.
Entonces sobrevoló la huerta, a una altura muy baja, un helicóptero militar.
He mirado en el Segundamano y en los anuncios clasificados de los periódicos de mayor tirada, pero créanme: parece imposible. No encuentro el hidroavión que estoy buscando por ninguna parte. Ni en la sección ventas, ni en permuta, ni en alquiler: se trata de un modelo especial, de los años 20, un Curtiss Modelo R3C-0, que es fiel copia del R3C-2. Sí, ya sé que les suena raro, pero es que soy un enamorado de los aviones de la Belle Epoque. Ahh, la Belle Epoque sí que tenía glamour, sí que daba para grandes historias. Imagínense el hidroavión que busco cruzando los cielos del Adriático. Imagínenselo en una romántica historia de amor, en multitud de aventuras de héroes, villanos y piratas o misteriosas maldiciones que convierten a un hombre en un cerdo.
No lo quiero para filmar una película, sino para cumplir un viejo sueño.
Si disponen de alguna información, les ruego me la hagan llegar y les quedaré muy agradecido.
El traje, los googles, la gorra y los guantes de vuelo ya me los envió un amable anticuario de Casablanca.
Los sueños, ya se sabe, son objeto de coleccionista.
-la madera que alguien ha encerado para evitar el ruido, los pies que han lavado manos cariñosas, los labios de esa persona que han besado antes las manos como palomas, la paloma que cruza el aire con un mensaje en blanco anudado a la pata izquierda, el mensaje que dejamos en blanco porque no nos atrevíamos a escribir nada, el mensaje que dejamos en blanco porque nohacía falta escribir nada, unos pies descalzos sobre la madera lisa-
Cruza en silencio y parece que sus pies no rocen si quiera el escenario, los bordes blancos del pantalón acarician la tabla encerada, el cuerpo se arque medio felino medio reptil, las manos finas se adelantan, el mar rodea uno de sus dedos, en silencio una persona persona camina sobre la tabla lisa.
-vemos la tensión agradable en la punta de los pies, advertimos que el sudor que él no advierte, alguien ha encendido incienso y velas, alguien ha abrazado sus propios brazos, los rizos negros se enredan entre los dedos-
Es sin duda el pasado, bajando rojo y caliente por la garganta, los pliegues de la camisa no hacen ruido al doblarse, en silencio una persona camina sobre la tabla lisa como el que vuelve para hacer un regalo.
-Beatus ille, qui procul negotiis, paterna rura bubus exercet suis solutus omni faenore. Neque excitatur classico miles truci, neque horret iratum mare neque horret iratum mare Forumqu uitat et superba ciuium potentiorum limina-
Al final del escenario hay un bulto blanco que es persona como él, duerme y sueña que es otras y que es siempre la misma, junto a su cabeza deja el mensaje que no le dio a la paloma, adivinamos que está en blanco y sabemos que es un regalo que deja aquí para ella, en silencio una persona camina sobre la tabla lisa como el que vuelve para hacer un regalo que no esperamos.
Si ven al hombre de blanco cruzar el escenario, no digan nada, háganse los dormidos y quizá les deje un epigrama de regalo junto a la cabeza que descansa.
* * *
Quien las horas que se pierden
De sueño en Roma, contara,
Podria decir el númeroo
De las manos que machacan
Sonoros bronces, queriendo
A la luna así hechizarla.
Tú, Esparso, ignoras todo esto:
Tú de esto no sabes nada,
Tú que gozas, sibarita,
De Petilio el rico alcázar,
Cuya azotea domina
Las colinas aledañas.
Tú, en medio de Roma misma,
Tienes tu rica campaña;
Tu viñador es romano,
Y tus viñas regaladas
Son en otoño tan fértiles
Cual las que en Falerno se hallan.
Sin salir de tu palacio,
Puedes correr a tus anchas
En tu carro: en él tú puedes
(Pues sólo cuando te aplazca,
Penetra el día) entregarte
Al sueño y dulce vagancia,
Que no viene a interrumpirte
La más leve voz humana.
Mas a mi gozar de sueño
No dejan las risotadas
De la turba transeunte,
Y toda Roma se halla
Próxima a mi cabecera.
Así, cuando lleno de ansias,
Quiero dormir, marcho al punto
A mi casa Nomentana.
(0) comentar
Todo compromiso es un peligro y todo reto una nueva ocasión al fracaso, pero es también la oportunidad de someter a prueba aquello con lo que alguna vez se pudo soñar: un teatro del verbo, basado en el poder, el vigor, la belleza, y también los límites, de la palabra, pero un teatro que apele también al placer, al juego, a la imprescindible relación entre el actor y su público, un teatro que se ofrece a los otros… con la ilusión, con la esperanza, con el miedo, en ello estriba su cumplimiento, de que nos lo acepten. Ustedes dirán si lo hemos conseguido.
Javier López, TEATRO DEL VERBO. Alicante, 18 de marzo de 2003
(0) comentar
Disculpen el laconismo, pero no se imaginan lo absorbente que puede llegar a ser la Realidad más allá de la pantalla.
Entre una cosa y otra, lo primero que quiero hacer es advertirles del peligro que tiene la poesía clásica: a una semana del estreno, tengo un pie en cuarentena, una rodilla hecha trizas, un dedo vendado y la nariz como un tomate, pero ya saben que el espéctaculo debe continuar, así que Catulo mediante, es mi deseo que queden Vds.
No te asombres ni indagues la causa de que, Rufo, no haya una sola
Que quiera debajo de ti lúbricos muslos poner,
Ni aunque atraerla pretendas comprándole telas muy caras
O alguna piedra preciosa con un fulgor especial.
Te perjudica un rumor que la gente viene difundiendo en tu contra:
Dicen que vive un cabrón bajo tu hueco alerón.
Todas lo temen, feroz; y es normal, pues es bestia muy mala,
Y chica bonita no hay que quiera acostarse con él.
Así que o mata esa peste maldita que ofende el olfato,
O deja ya de admirar por qué se escapan de ti.