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27/02/04
Soy yo, que he venido a buscarte
Los libros de Historia sitúan los hechos en Alsacia. Un hombre y una mujer tienen 35 y 30 años, respectivamente. Teniendo en cuenta la edad en que viven, ya son más que mayores, y el hijo que ella acaba de parir podría considerarse como tardío. El señor Holbein decide llamarle Hans, igual que él; pero no sabe que el niño no perdurará, porque ella ha hecho terribles sortilegios y uniones con un demonio para que el hijo nazca, por fin, sano. Cuando llegan los 15 años del muchacho, el demonio vuelve para reclamarlo: es un alma que le ha prometido a la muerte, ![]() y ha de llevársela junto a la persona donde está contenida antes de que decline el día. Se resiste el niño, y el padre aún trata de cogerle y hace un gesto amenazante al demonio; la madre, podemos verlo, está más contenida porque sabe que es inevitable aunque desconocía que el precio era tan alto. Cuando acogió al diablo en su cama, creyó que ese pago era suficiente. El niño demostró maestría en el dibujo y el grabado, y la muerte le fue dando prórrogas mientras diujase sus hazañas. Es la única explicación plausible que he encontrado a la maravillosa danza macabra de Hans Holbein.
Los preparativos del infierno
"- Fray Mónico -le dijo-, ahora que está usted aquí me gustaría aprovechar la oportunidad para preguntarle algo. [...] quisiera saber qué es lo que hacía Dios antes de crear este mundo tan hermoso. El religioso se detuvo. Durante un rato, tomó aire y se infló como una gllina que hincha el plumaje para ir quedando luego reducido a menores dimensiones. [...] Nos pareció un insensible desgraciado, porque no reparó en los pajarillos del patio chico ni en las rosas olorosas que trepan por el muro. Porque no se atrevió a preguntar cómo es que había una monja que buscaba a sus hijos en el convento. Con mucha mansedumbre, pasándose el pañuelo por la cabeza (la cigüeña de vuelo lento y elástio volvió a cagarle sobre la coronilla), contestó a la novicia del chicle. Dijo: -Pues... antes de la creación... Dios preparaba el infierno para los que plantean preguntas impertinentes." Cristina Sánchez, Andrade, Ya no pisa la tierra tu rey Léanlo, háganse el favor.
Para hacer tortilla
...hay que partir los huevos. Eso es lo que ha pasado estos días, que el huevo ha estado medio roto, hasta que el bueno de Kapa (Kapa es mi pastor, nada me falta) ha acudido en mi rescate. Así que ahora, de repente, me he visto con el folio en blanco que es la pantallita de blogger (oh, blogger, cuánto tiempo hace que no te insulto) con muchas y pocas cosas que contarles. Bienvenidos de nuevo. 13/02/04
Ejercicio n.10
A través de imágenes, con o sin relación entre sí, trate de crear historias mínimas que, a su vez, den una historia mayor. ![]() Charlotte decidió romper una vieja costumbre machista en su familia, poniéndose a los mandos de un aeroplano en lugar de procurarse esposo. Lo tomaron por una extravagancia del final de su juventud, pero nadie sabía que al otro lado del mar la estaba esperando su amante. ![]() Lidia, la más conservadora de las cinco hermanas, reprobaba la conducta de todas las demás. En un cajón cerrado con llave guardaba todo un muestrario de aparatos para la masturbación que tiró al abandonarles su hermana. ![]() Matilda sufre un ligero trastorno mental, que la hace comportarse como una niña de 10 años cuando ya ha cumplido 25. Tiene momentos de lucidez, en los que es capaz de reconocer su situación. Sus familiares temen estos momentos porque conoce los secretos de todos. ![]() A Cristina le amputaron una pierna por debajo de la rodilla tras un accidente infantil. Hace tiempo que dejó de tomar la morfina sólo para el dolor, y tiene controladas las visitas desde que pidió en matrimonio al mozo de la vaquería para salir de la casa como fuera. Dice pertenecer a una casa real europea, y cuenta a todo el que puede la dramática historia de cómo fue sacada de la cuna cuando los obreros se levantaron en su país. ![]() Sólo la pequeña Martha sonríe francamente al pintor. Ella sabe el origen y la cura de los fantasmas de la familia. imágenes (c) de Antonio Carmona 04/02/04
Queda prohibido abrir
Me pasó esta mañana cuando bajaba unas escaleras. Tras el último peldaño, antes de abandonar el pasillo, reparé en un cartel escrito a mano: "Prohibido abrir las puertas". Estaba pegado precisamente a una puerta; el mensaje me pareció inquietante ¿qué habrá tras esa puerta? Parece la habitación de mantenimiento, y seguramente no haya más que fregonas y cubos, pero... ¿y si no es así? ¿está prohibido sólo abrir la puerta, o también entrar? Lo más inquietante es el plural puertas, ¿se refiere a todas las puertas? Cerca de allí no hay ninguna más, salvo las del ascensor y unas de cristal que nunca se cierran. Los breves instantes que me he detenido delante del cartel, he estado a punto de empujar suavemente y mirar en el interior, sin embargo he preferido no asomarme. Ahora no podré volver a poner la mano sobre un picaporte sin dejar de notar cierto sentimiento de culpa. 01/02/04
Como amante que vuelve
Cuando menos me lo espero, Miguel entra en mi cama. A veces no sé si está en la casa o ya se ha ido, y otras creo que sigue en la cama y busco un abrazo que no tiene vuelta. Ahora se ha ido. Todavía se huele un perfume de sudor en el aire, y algunos rastros, pequeñas huellas de que ha estado aquí. Yo trato de de dejarlo todo como estaba antes de que él llegara, pero es imposible: ya es parte de la casa como yo misma, los gatos o el agua condensada en la ventana cada mañana. Me pregunto por qué le escogí a él. O por qué me escogió a mí. Ahora tenemos suficiente familiaridad como para no hacernos esas preguntas, y ya no me sorprenden sus manías ni sus objetos por la casa, es más: los necesito. De vez en cuando entra de noche cuando ya no le espero, son esas veces que viene con sed grande y el sexo es más de piel entonces; otras viene después de la cena, y en el abrazo del duermevela follamos despacito, buscando un placer duradero y suave. Ahora que se ha ido, me ha dicho que va a echar de menos el olor y el tacto de mi piel, los besos que le doy cuando está dormido y las conversaciones de sonámbulo. Pero yo sólo sé que ahora no está, y que sólo faltan dos meses para recobrar el abrazo. |
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