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26/11/04
Algunos sonetos tienen todos los versos que se espera de ellos
Cubre la sombra al cubridor. Es nueva la vida que llega, la flor silvestre, el camino andado, cuesta pedestre ya nieve, ya duela, ya canse o llueva. Cubre de sombra el amor. Tiene miedo del vacío, soledad en el lecho, voz al oído, mirada en el techo, la sangre que sube, susurro quedo. Cubre descubierta, el hambre es mía, el milagro que ocurre, la sequía sin hambre ni sueño, sólo con sombra que cubre recubre mi abrazo el día, que cubre recubre tu abrazo en sombra. Cubre el sueño nuevo. Basta la sombra. 24/11/04"No soy un doctrinario del arte. Lo admito todo, menos el gato por liebre. Por mi temperamento y por mi educación, me siento inclinado al más estrecho realismo y, con identica afición, a todo lo contrario. El predominio de una de esas vertientes en el acto de escribir depende exclusivamente de causas ajenas a mi voluntad. Y aunque lo bonito sería valerse de ambas y hacer síntesis de sus contradicciones, es el caso que tal genialidad no me fue dada, y unas veces me siento realista, y otras no. Pero, también por causas ajenas a mi voluntad, me he visto obligado, durante cinco años, a escribir una novela realista de mil trescientas páginas (...). Confieso que, en ese tiempo, muchas veces me vi tentado a escapar a la fantasía por cualquier rendija inesperada, y que, siempre que esto acontecía, en los umbrales me esperaba Don Juan." Gonzalo Torrente Ballester, prólogo a Don Juan 23/11/04
el deseo impreciso
No nos llevamos bien, por lo general, con la naturaleza de nuestros deseos. Queremos, queremos cosas que nos negamos, que negamos para nosotros y para los demás intentando protegerles o protegernos; queremos, queremos cosas que no están a nuestro alcance hasta que definitivamente probamos por un momento eso que estaba en nuestras cabezas, y entonces qué, nos decimos, y ahora qué. Luego viene la confirmación, la árida tierra en la boca y por las noches, la tristeza lunar, la soledad sonora con forma de sombra áspera, el diablo tendido junto a la cama, el sol entre los pechos, la tos seca y la saliva con rastro de sangre, y entonces qué, pensamos, y ahora qué. Asumimos entonces qué es lo que de verdad queríamos, y lo ponemos al lado de la raquítica realidad que nos han dado para sobrevivir, y no hay manera, nos decimos, no hay manera de sobrevivir así. Es entonces cuando acudimos a todos los que ya han estado como nosotros antes, es entonces cuando Pessoa, cuando Borges, cuando Kafka, es cuando el refugio queda en ese recuerdo, en ese momento en que probamos nuestros deseos y mientras se nos va la vida, y qué ahora. 19/11/04
Bajo el árbol de las manzanas doradas
Bajo el árbol de las manzanas doradas, o el que creíamos árbol de las manzanas doradas pero en realidad daba uvas tan pesadas que hacían curvarse las ramas, descansa Tántalo, hijo de Zeus, y cada bocanada de aire está acompañada de un sonoro ronquido y un revuelo en la barba. Cuando se acerca alguien por el camino, la ninfa Adrastea corre rápida a despertarle, a agitarle para que entre en el lago de agua que siempre resbala por su boca, donde las uvas del árbol de las manzanas doradas no está a su alcance. Esta tarde, Adrastea (et. "lo que no se puede evitar") también se ha quedado dormida, y es Zeus el que con sus enorme sandalias levanta el plvo del camino. Observa al rey frigio. Piensa en despertarle y obligarle a seguir cumpliendo su castigo. Finalmente decide darse media vuelta y no volver por allí más. Últimamente le ha estado dando vueltas a la broma de Tántalo, ofrecer con engaños carne humana como cena a los dioses. Zeus recuerda con deleite el sabor, y se pregunta si no será hora de levantar el castigo a Tántalo. 14/11/04
Declaración de amor nº 29. Impreso regular
En cuanto dejamos de buscar las cosas, aparecen. Por eso, algo que no me está buscando ni está destinado a mí, me encuentra invariablemente; y algo que está buscando lo que es mío, lo encuentra casi sin querer. Como las cosas no tienen vida, y tú y yo sí, nos encontramos sin buscarnos, más allá de la sombra, más allá del sueño, más allá de las voces. Por eso te pido que entres conmigo en la noche oscura, ...tan solos. te quiero 12/11/04
La envidiable memoria
notas preliminares De las cosas más comunes recordamos la sombra, el resto, lo que queda filtrado por nosotros mismos; de las cosas más extrañas que nos ocurren recordamos los detalles que las hicieron diferentes de las regulares. No hay recuerdo sin emociones, ni daño, ni placer, ni alegrías; ahora que definitivamente es otoño, cuando el silencio se para sobre nosotros y nos asalta el recuerdo recurrimos a algo que tenemos dentro y que no sabemos nombrar, único, envidiable, ajado. 09/11/04
óptais ámme
Ordenar bibliotecas, dijo Borges, es una manera (modesta) de ejercer la crítica literaria. Ahora que ya me he movido, pensaba sólo en las maletas, y no conté que tenía que mover una biblioteca entera; quizá no lo pensé porque cada uno también está hecho de sus lecturas, de todas sus lecturas, y ese es verdadero equipaje del que no nos podemos desprender. El caso es que para la próxima vez que abandone un hogar precario he de seleccionar los libros que quedarán a buen recaudo y los que tienen que viajar conmigo porque ya son como viejos amigos. Todo lo que soy, todas las cosas que realmente sé, son esas lecturas, y la esperanza de poder recordarlas (hoy me decían: no uso la memoria para no tener que recordar) cuando de verdad me hagan falta. Me baila El Amenazado en la cabeza (hay una esquina por la que no me atrevo a pasar) me escuecen los versos de Safo que he de recitar esta tarde y hablan del calor, 18 de la necesidad de quemar algo propio, y pienso que si, además de cambio, no estaremos hechos de una materia inflamable. De una materia sin cartografiar ni navegar, sin el zumbido del corazón en los oídos ante el hielo primigenio, la llanura donde no alcanza la mano, preparada para la llegada de los fenicios. 08/11/04
3
El 8 de noviembre de 2001 la mentira echó a andar como una bitácora de textos propios y ajenos, una manera de compartir lecturas y de explicarme mi propia vida con una pátina literaria (a este respecto, lean el manifiesto de la bitácora de Juan Avellana, que suscribo casi en su totalidad). Hoy, que se cumplen tres años, como las imágenes de los headers me gustan mucho, he hecho estos modestísimos wallpapers para uso y disfrute de todos Vds. Si alguien tiene la deferencia de ponerse alguno (aunque sea durante unos momentos), hacer un screenshot y mandármelo aquí, contribuirá a mi felicidad. ![]()
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06/11/04
Órganos vitales, 2 (+)
Me tiemblan las manos. Ambas. Me tiemblan ambas manos y no sé por qué. Me han dicho que debe ser por el cansancio. Que debe ser. Ha hecho calor todo el día y por la noche ha reventado en una lluvia violenta, a rachas, como no recordaba aquí hace años. Con este tiempo, hay muchos cambios de presión, más cosas que hacer, menos horas cada día. Debe ser por el cansancio (debe de ser el cansancio, me repito), y no por el corazón acelerado, no por la mente en un lugar diferente al del cuerpo, no por la inminencia de abandonar esta casa, debe ser por el cansancio. Puede que las manos tengan recuerdos, no sensitivos, sino recuerdos completos, como cuando un olor nos trae de golpe ese día de la niñez que rodamos incrédulos una canica en la mano, que nos tostaron el pan de la merienda, que las buenas noches llevaban beso; si tienen un recuerdo y tiemblan, puede que tengan miedo, puede que tengan añoranza o puede que teman que se repita ese recuerdo. O que no se vaya a repetir. He hecho una lista todo lo minuciosa y exhaustiva que he podido de todos y cada uno de los objetos que han tocado hoy. En la parte superior de la lista he puesto los objetos que han cogido, en el centro los que sólo han tocado, y abajo los que han tocado pero por su peso o tamaño no podían coger. He trazado una línea vertical en el cuaderno, y al otro lado he puesto todas las personas que han tocado hoy. No he podido diferenciar entre tocar y coger, pero no creo que sea importante. Como tocan más objetos que personas, en el espacio que quedaba debajo he apuntado las cosas que han querido tocar pero no han podido, y he empezado a escribir las cosas que no han tocado; cuando la lista era satisfactoriamente larga, la he releído, pero no estaba ahí el temblor. Como si el corazón tiene una arteria obturada, un coágulo se nos forma en el cerebro, o el cáncer se nos agarra al hígado, cuando las manos son órganos vitales un temblor anuncia la falta irremediable de algo, el recuerdo terrible de algo, y cuando se frotan entre sí deseando ser otras, un ascua escondida en el centro de la palma vuelve, nos esperaba, nos recuerda que nos falta alguna cosa esencial. Creo mis manos tratan de decirme algo. Addenda: la cerca de les paraules 04/11/04
Nunca se sabrá por qué Ms. Tickle cogió aquel tren. Los pocos pasajeros que la recuerdan y fueron interrogados por la policía hablan de una palidez en la piel, de unos guantes rojos muy llamativos que apretaba en una mano, sin ponérselos, y de una maleta con forma de sombrerero. Cada uno de los testigos recuerda uno de los datos, pero ninguno de los otros dos.
Mr. Shroud consultaba su reloj de cadena en el portal de su otra casa. Aunque era contable, mantenía en secreto aquella vivienda porque la dedicaba a una pasión que consideraba vergonzosa: pintar. Aquella tarde acabaría el paisaje de un bosque donde el suelo estaría cubierto de hojas de almanaque. Murió la noche siguiente. Al descubrir la existencia del piso y de ese último cuadro, su viuda comprobó consternada que en una de las hojas estaban pintados todos los números del mes menos el del día de su muerte. Carla Groin planeó durante meses su suicidio. Considerando su vida mediocre, de ocho de la mañana a una de la tarde y de una y media de la tarde a ocho de la noche, duración su jornada laboral en la fábrica de piezas de automóviles, las dedicaba a imaginar todos y cada uno de los detalles: el horno gas abierto, la liberación del chorro invadiendo el aire, la hora en que la casa de huéspedes estaba vacía, los paños en la rendija de la puerta, la carta en blanco porque no tenía de quién despedirse y las palabras exactas que nunca escribiría en ella. La mañana que decidió que lo haría al llegar a la casa, su compañera en la cadena de montaje levantó por primera vez la mirada, fijó sus ojos en los de Carla y sonrió. Volvió al trabajo y Carla no pensó nunca más en el suicidio. A la modelo empezaban a dormírsele las piernas tras tres cuartos de hora posando. No le importaba permanecer desnuda, ni exponerse a las miradas del artista y sus amigos. La inmovilidad le era insoportable. Necesitaba el dinero de esos posados de fin de semana, y sólo podía distraerse mirando por la ventana; con el frío ya no la abrían tan a menudo, y ni siquiera tenía ese consuelo. Empezaba a pensar seriamente en el suicidio. El contable Shroud admiraba las pinceladas rápidas y suaves de su amigo sobre el lienzo. A pesar de que pagaba a una modelo, los cuadros jamás se parecían a ella. Decidió pintar el patio ocre que se veía desde la casa que heredó de sus padres "Un patio no me va a cobrar por posar", pensó. Pasado un mes de su desaparición, los criados se atrevieron a abrir los cajones de Ms. Tickle. Encontraron una carta de despedida, pero ni los nombres, ni la letra, ni lo que se decía en ella tenía nada que ver con Ms. Tickle. Se despidieron de la casa, y un mes después, a uno de ellos le pareció verla en el cartel de una escuela de samba, en tournée por su ciudad. Los colores del cartel desentonaban tanto con el ladrillo de las casas, que tuvo que apartar la vista en seguida. Es el reino del otoño. 02/11/04
Crítica literaria
Ahora, sin embargo, que estamos iguales porque tú quieres, me parece más azar el azar que me trajo; ahora que son muchas las lecturas que llevo, y pienso -la realidad obliga- que es mejor confiarse a uno mismo. Recuerdo la primera vez que leí los cuentos de Poe (el horror y la anticipación, la entrada de lo fantástico en la vida, la posibilidad en las personas del dolor y la miseria) y qué dejan y qué quitan. Para siempre. El conocimiento es irreversible; también la locura y la huella del deseo. Recuerdo muy bien la primera lectura de Bowles (el desierto era menos mítico, el viaje era quimera) la cercanía de la libertad y la locura, el deshecho de la vida y el calor inspirador, la posiblidad de fatigarse en un libro. Recuerdo todas las lecturas que he hecho de Camus (líbrame, Señor etc. etc...) a pesar del escozor en el pecho, de las agujas atravesando cada una de las palabras, estaba la imposibilidad de no leerlo, de no saber el sufrimiento que había urdido porque estaba antes en él. La sensación de inevitabilidad en la literatura no nos abre más que puertas. Aunque la vida dañe de por sí, ahora que estamos iguales porque tú quieres, porque tú me has traído a esta playa, porque tú me llevabas en tu texto sin saberlo. la sensación volátil (de mariposas añrañando el pecho) que deja Borges cuando la trama está bien urdida, cuando es reveladora, daña y cicatriza. Peor que una enfermedad. Lo que mejor recuerdo es la primera lectura de El viejo y el mar (la derrota sobre la derrota, el otro desierto, la fatalidad y la lucha) no sé qué pensaría ahora, pero era la mejor novela, si hay algo de inevitable en la vida, está ahí. Gracias, Gutenberg 01/11/04
La danza del tigre
(...) Cuando vuelven de la caza con un jaguar, tiene lugar esa noche el baile del tigre, que se diferencia del ya descrito en que las mujeres lamentan y lloran con gran excitación para conjurar y reconciliar el alma del tigre; de otro modo no lo apaciguarían, lo que causaría la muerte del cazador. tigre |
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