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03/12/04Hasta pronto. Soñé que salía de otro -populoso de cataclismos y de tumultos- y que me despertaba en una pieza irreconocible. Clareaba: una detenida luz general definía el pie de la cama de fierro, la silla estricta, la puerta y la ventana cerradas, la mesa en blanco. Pensé con miedo "¿dónde estoy?" y comprendí que no lo sabía. Pensé "¿quién soy?" y no me pude reconocer. El miedo creció en mí. Pensé: esta vigilia desconsolada ya es el Infierno, esta vigilia sin destino será mi eternidad. Entonces desperté de veras: temblando *posdata morosa: transcribo la letra. Cerró la última maleta y decidió marcar en rojo aquella fecha. Echó la última mirada a aquel salón y vio que no sentía pena. Quiero recorrer todos los mapas. 02/12/04
Hay un momento que, en la punta de la lengua tenemos el dicho, la palabra, ese ingenioso refrán; a veces pasamos junto a una pared a medio derruir, en ese barrio que nos gusta tanto pero por el que no nos gusta pasar, y oímos un susurro saliendo de la grieta inferior; otras veces es la contemplación o del cielo abierto o del horizonte, y hay un pitido suave de rayo verde, de silbido, pero tampoco entendemos qué teníamos que entender; también hay veces que es sólo como el rozar de la seda en la seda, la respiración del moribundo, o ese ruido de las cosas sin movimiento.
Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música |
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