laMentira
la mentira les tengo atados archivoscorreo

03/12/04

He descubierto que tener abierta esta mentira de tigres y ángeles no me está ayudando; para suerte o para desgracia propia, ahora mismo necesito salirme un poco de mí para reconocerme o para encontrarme, y los textos que me "exigía" esta bitácora minaban un poco ese propósito. Serán uno o dos meses un mes. Entretanto, si queda algún lector todavía, David Broza ha sacado un disco, cuyo primer sencillo, la letra de "Me voy" viene al pelo para esta situación. Para los que no tengan la suerte de oírlo*, queda este otro texto.

Hasta pronto.

Soñé que salía de otro -populoso de cataclismos y de tumultos- y que me despertaba en una pieza irreconocible. Clareaba: una detenida luz general definía el pie de la cama de fierro, la silla estricta, la puerta y la ventana cerradas, la mesa en blanco. Pensé con miedo "¿dónde estoy?" y comprendí que no lo sabía. Pensé "¿quién soy?" y no me pude reconocer. El miedo creció en mí. Pensé: esta vigilia desconsolada ya es el Infierno, esta vigilia sin destino será mi eternidad. Entonces desperté de veras: temblando

Jorge Luis Borges


*posdata morosa: transcribo la letra.

Cerró la última maleta y decidió marcar en rojo aquella fecha. Echó la última mirada a aquel salón y vio que no sentía pena.

me voy a Cartagena
regreso a Tel-Aviv
hoy vuelvo de Ipanema
yo no me quedo aquí

No se detuvo a recordar los días de felicidad en esta casa. No se paró a saborear la soledad de aquellas noches largas.

en tren a Mar de Plata
en barco hasta Moscú
en taxi hasta Barajas
aquí te quedas tú

Salió a la calle y descubrió que el sol tenía otro color aún más vivo. Y ante el reloj de la estación volvió a tener entre sus manos su destino.

billete de primera
a Marte en autobús
-
y un Norte pa mi Sur

me voy a Cartagena...


Quiero recorrer todos los mapas.

02/12/04

Hay un momento que, en la punta de la lengua tenemos el dicho, la palabra, ese ingenioso refrán; a veces pasamos junto a una pared a medio derruir, en ese barrio que nos gusta tanto pero por el que no nos gusta pasar, y oímos un susurro saliendo de la grieta inferior; otras veces es la contemplación o del cielo abierto o del horizonte, y hay un pitido suave de rayo verde, de silbido, pero tampoco entendemos qué teníamos que entender; también hay veces que es sólo como el rozar de la seda en la seda, la respiración del moribundo, o ese ruido de las cosas sin movimiento.

Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música

Jorge Luis Borges, El Sur


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