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- -![]() El de ayer, un cuentacuentos de los más bonitos que me ha sido dado hacer; esta mirada ![]() seguía las manos y el ruido de la voz ![]() y se repetía en las caras de unos niños saharahuis que, refugiados en un campamento argelino, y al sufrir de enfermedades que allí no pueden tratarse, van y vienen con la frecuencia que pueden. Ha sido una de las sesiones en las que más, si no la que más, he disfrutado y visto disfrutar; había dos niños españoles: la única que dio un poco de follón y se puso tonta fue la española, y el único que al terminar no agradeció con una sonrisa los cuentos, sino que me dijo "¡Otro! ¡otro!" (con más exigencia que ilusión) fue el español. Como muestra del estado de ambas infancias no es representativo de nada, pero llama la atención. El niño, como colofón cuando me iba, añadió: "Qué coche más pequeño tienes" (sí, yo también conduzco un twingo). - - - ![]() Lo ha mentido el Mentiroso. 15.5.05 (4) comentar
Hueco ![]() Los márgenes de mis cuadernos están todos anotados. No entiendo al que escribe y dice sufrir el síndrome de la página en blanco, el miedo a la página en blanco. Yo tengo miedo a los márgenes vacíos, a una vida sin anotaciones que le den sentido. Lo ha mentido el Mentiroso. 13.5.05 (3) comentar
"Los buenos libros son como los tigres, que no se matan entre ellos" António Lobo Antunes Parpadear, comerse la luz; con la boca del ojo dejarse quemar, dejar los haces cruzar las pestañas, saltar al sol, saltar a la luz. Parpadear, tragarse la luz, exponer la piel cubierta de agua, los brazos en cruz y coger el aire con bocanadas de ahogado. Hundir la cara en ese pozo de luz, dejar que se incendie el pelo, gritar a pleno sol y mandíbula abierta, todo en un solo parpadeo. Lo ha mentido el Mentiroso. 12.5.05 (0) comentar
Hazme eso que me hace reír Me han encargado, no esta vez que haga reír, sino que enseñe a hacer reír. Me pregunto si el humor se enseña o se puede enseñar. Cuando empecé a hacer monólogos casi por azar, me di cuenta de que la risa es muy agradecida. Se puede olvidar un agravio, una palabra dura, un desamor; se olvidan cosas cotidianas pero importantes como las llaves, un nombre, un teléfono o tomarse la pastilla. Pero la risa es una de las cosas más agradecidas, porque perdura más tiempo; años después de verme representar tal o cual texto, se me ha acercado gente con la que no me había vuelto a encontrar para decirme que lo recordaban (a veces mejor que yo mismo) "Tú eres el del vito-vito", "¿Cómo está tu hija?", "¿Has cambiado ya de piso?". Las malas actuaciones se olvidan con mayor rapidez (a mí me ocurre al contrario, a veces recuerdo con más nitidez esa noche en la que todo fue "no", pero de todas guardo la agradable tensión del comienzo que, salga bien o mal, es siempre la misma). La risa lubrica la vida, ensancha las alegrías y quita sombras a las sombras; nos escapa y nos une al mundo, cuando son carcajadas homéricas, cuando se escurre, cabeza gacha, entre los dientes, cuando se instala en forma de sonrisa permanente. La risa contra uno mismo limpia la cabeza, la risa ajena siempre es feliz y contagiosa, la risa suma a todos los que ríen. La risa es afrodisíaca. La risa en la cama excita. La risa en el sexo une. Así que, más que enseñar cómo hacer reír, tendré que exponer mi ideario de qué es la risa, qué es el humor, y como dar ambas cosas queriendo a todo el público y haciéndole sentir querido. Eso, y un par de trucos de escenario para que mis alumnos no acaben hablándole al telón de fondo, o proyectando la voz en la voz hacia el rincón más miserable de la sala, donde no hay nadie. Si no les he convencido, pueden apuntarse a cualquiera de los otros cursos. Y, por su bien, ríanse y hagan reír. Lo ha mentido el Mentiroso. 8.5.05 (0) comentar
aquest càlzer de dolor a beure s'ha Hace ya unas semanas que, tras aquel episodio de Tintín y Spielberg -saldrá en 2006-, la industria cinematográfica me dio un alegrón al saber que Aranda debe estar terminando de rodar (incluso existe suculento cartel oficial) una película sobre Tirant Lo Blanch; si creen que es imposible leer algo mejor que el Quijote, han de mirar esto. (Se trata del libro que Cervantes salva de la quema en la biblioteca de Alonso Quijano, es un guiño a las partes de humor y crítica que Joanot Martorell introdujo en el suyo, y no se trata sólo de que humanice a los personajes, la sensualidad o situaciones disparatadas que lo pueblan, sino otra cosa... léanlo sin demora, y disfrutaran doble de la película) Qué felicidad. Capítol III. Com lo Comte manifestà a la Comtessa sa muller la sua partida; e les raons que li fa, e lo que ella replica (...) -Bona cosa seria aqueixa -dix la Comtessa-, emperò veig que aquest càlzer de dolor a beure s'ha, e tan amarg és per a mi, qui só estada tant de temps, que no es poria recitar, orfe de pare e de mare e viuda de marit e senyor viu, e ara que pensava que la mia fortuna fos passada, e tots los passats mals haguessen remei, e veig que les mies tristes dolors augmenten; per què poré dir que no em resta sinó aquest miserable de fill en penyora de son pare, e la trista de mare s'haurà a conhortar ab ell. Pres lo petit fill per los cabells e tirà'ls-hi, e ab la mà li donà en la cara dient-li: -Mon fill, plora la dolorosa partida de ton pare, e faràs companyia a la trista de ta mare. Lo ha mentido el Mentiroso. 6.5.05
Me he desayunado esta mañana con los rostros sonrientes de Bono y Rumsfeld; primero estaban haciendo manitas: Bono ayudaba a Rumsfeld a ponerse bien un pin con la (creo) bandera de España, y después a la inversa "Mira, como dos monitos despiojándose", he pensado. Después, les he oído, a pleno sol. Tenían cara de satisfacción, y me he dado cuenta en ese momento de que eran la misma persona. Evidentemente, no eran la misma persona, sino algo más que "el mismo tipo de persona", hasta la forma de arrugar la frente por el sol les igualaba. Donald ha dicho que nos perdonan lo de Iraq, y Pepe que la paz en el mundo necesita a los Estados Unidos como el comer, o algo así. Estaban en la fase de rascado de espalda. Los monos tenemos costumbres tan raras. Lo ha mentido el Mentiroso. 4.5.05 (0) comentar
Camina con los pies descalzos, la tierra es lechosa en esta parte del camino, blanda, clara, poco más que barro. Tiene la piel muy blanca y le duele la espalda al caminar, no sabe dónde detenerse, no sabe si debería detenerse, no sabe si esperar a que acabe el crepúsculo y salgan las estrellas. Mira a ambos lados: los ojos buscan con avidez una señal y, entretanto, sigue andando. Cada vez pisa menos y desliza más los pies, va a empezar a hacer frío y se frota los brazos. Abre mucho los ojos cuando llega al claro del que salió, y se da cuenta de que ha dado una enorme vuelta en círculo. Los abre aún más cuando me encuentra al borde del claro, a punto de llegar. Decidimos no dormir esa noche, y coger el mismo camino. Lo ha mentido el Mentiroso. 3.5.05
Auge y caída del vértice Es fácil: tras el llanto sólo hay que echarse a andar, sin demasiada prisa y con las justas vacilaciones, hasta que el camino (o la pared que mantenemos a un lado y que fingimos camino) tuerce en ángulo agudo. Se tuerce ese ángulo, se apresura el paso porque ya se intuye que no conviene quedarse rezagado, porque el camino es corto tal vez, por algo que sólo tiene nombre pero no forma, hasta que ese camino (o esa pared lisa que ya no confundimos) traza un ángulo exacto al anterior, cabe detenerse, pensar antes si merece la pena seguir andando, pensar quién nos mintió con promesas de tiempo circular, de esferas sin centro aparente, pensar si no tiene la muerte forma de triángulo. - Se puede entretener el tránsito entre esquinas con los retratos de Stefan Rohner O la mirada de Josef Thiel O esta soledad tan enorme Lo ha mentido el Mentiroso. 1.5.05 (0) comentar
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