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30/10/06
Resulta que...
...Dostoievsky y Maradona nacieron -con cierta diferencia de años- el mismo día. Hoy. No puede ser casualidad. 29/10/06
La idea es hacer un cómic de 24 páginas en 24 horas, e ir posteando todo el proceso in situ; en teoría, David Lafuente tiene que terminarlo antes de las 12.30 am de mañana:
![]() Es la segunda vez que lo intenta (si no me equivoco, en agosto tardó 48 y no 24 horas), y lo interesante de verlo in situ es cómo los comentarios de los lectores a tiempo real hacen que el autor, con poco margen para improvisar, varía los caracteres d euno u otro personaje, elimine páginas, cambie los diálogos... Lo tiene algo jodido. Ahora mismo son las 22.26 y va por la página 3. Espero que lo consiga, aunque vuelva a hacerlo en 48 horas, porque me gustó el anterior cómic: estaba bien hecho pese a la premura. Si lo vas a seguir, y te aburres en la espera, puedes leer el que hizo en agosto. p.s.: posdata morosa. Las normas, tal y como las pantea el autor original, Scott McCloud. Los que leáis en inglés podéis ver la convocatoria oficial y leer más tebeos. 26/10/06
Las repeticiones
La aparición de este libro es una bendición (en España edita Lumen). Silvina Ocampo era una escritora silenciosa y subterránea que fue creando un mundo literario que quedaba oculto por la enorme sombra de Adolfo Bioy Casares. Éste, a su vez, estaba empequeñecido por la suerte y la desgracia de compartir tiempo y amistad con Jorge Luis Borges. Quizá sus mejores cualidades sean el asombro y la descripción de la belleza, ese lenguaje que inevitablemente nos remite a Bioy porque ambos estaban contaminados por las mismas influencias, acaso más ricas las de Silvina gracias a su hermana Victoria. Léanla. Cómprenla y léanla con auténtico deseo, entréguesen a Silvina Ocampo como el icono de la mujer creadora, la mujer de ideas fértiles, la mujer liberada de todo menos de sí misma. Las repeticiones y otros relatos inéditos, Silvina Ocampo. Ed. Lumen Apolonia, delgadita como un fantasma, se miraba mucho en el espejo; no porque se encontrara bonita: le habían dicho que se parecía a una de sus tías, que murió loca en un asilo. La visión de su cara, tan llena de misterio, la perturbaba(...) Cuando quedaba encinta, enloquecía de miedo porque se sentía a la vez madre e hijo. Quería huir, esconderse, que nadie la mirase. Lo mejor de la familia [Datado entre 1970 y 1975]
Estoy encima de ti, cabalgándote; tú tienes la mejilla apoyada sobre la almohada y te mueves muy despacio marcándome el ritmo con las caderas. Tienes las muñecas atadas a la espalda y las mías atadas a las tuyas con el mismo pañuelo. Intentas incorporarte un poco y tiro del pañuelo hasta que invertimos la posición y ahora estás sentada de espaldas a mí. Acaricio el sudor de tu espalda, empapo las manos en él y te lo extiendo hasta el nacimiento del culo. Exhausta, te dejas caer hacia atrás abriendo mucho las piernas, albergándome más hondo, más húmedo. Con las mejillas pegadas, me preguntas ¿Quién nos ha atado?.
Fuera se oye un ruido que podrían ser pasos o sólo la puerta golpeando. Sueño que muchos me despiertan. - ¿Qué has estado haciendo mientras yo no estaba? - He sido multitudes. 16/10/06
Sé que no me van a creer. A veces se nos ponen delante señales que no sabemos ver, y otras son tan evidentes que lo difícil es evitarlas.
El hecho es banal y sólo suma una más a la cadena de casualidades que, sin duda, mueven el mundo; estoy limpiando la biblioteca, guardando libros y reubicando otros: me falta sitio y estanterías, y en uno de los anaqueles tengo -Ordenar bibliotecas es ejercer de un modo silencioso el arte de la crítica*- libros que no he podido leer porque me han cansado, porque me han aburrido o porque no eran para mí. Hace tres días puse juntos Cuentos reciclados y Que veinte años no es nada; el primero lo intenté leer varias veces, pero me resultó tedioso, el segundo es una edición de bolsillo que empecé a leer una sola vez, durante un viaje, y abandoné al llegar a casa porque no me había atrapado. Como digo, ambos libros descansaban por azar juntos en la estantería. Anoche, sus autores respectivos, Álvaro Pombo y Marta Rivera de la Cruz fueron ganador y finalista del premio Planeta; a veces se nos ponen delante señales que no sabemos ver, y otras son tan evidentes que lo difícil es evitarlas. Quizá la coincidencia quiera decirme que en esos libros hay algo para mí, algo que he de descubrir ahora y no cuando los compré. He dejado el Pombo en la estantería, listo para ser regalado, y he devuelto el de Marta Rivera de la Cruz a la estantería noble. Quizá haya acertado.
"Un ratito que ya voy, no se preocupen por mí, no tengo fiebre, no estoy enfermo, sólo déjenme quedarme así un ratito quieto, sin pensar, sin abrir la boca, sin fastidiar a nadie, sin mirar nada salvo la pared, o sea aquella rayita en la pared que tal vez no es una raya, tal vez un insecto o tal y en un minuto o dos me levanto, vuelvo a ser el que ustedes conocen y listo, olvídense, me volveré divertido otra vez, buena compañía, simpático, pero no me pidan explicaciones, no pregunten qué fue lo que pasó, finjan no haberse dado cuenta, todo ha ido sobre rieles, palabra, me encuentro estupendo, como nuevo, capaz de piruetas, de hacer el pino, de algunas gracias, hay momentos en que llego a ser divertido, ¿no? [sigue]"
António Lobo Antunes No quiero nada, dejen que me quede así en Babelia. |
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