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10/05/08
en el espacio de sus ocho letras, cabe un tequiero que no es como el resto de tequieros que te haya dicho o que te hayan dicho, es más efímero, quebradizo, volátil que todos los anteriores, porque esos ya están en tu memoria y conservan un código de barras que te devuelve el olor de entonces, el color de aquel día, el sabor de lo inesperado; ni es como todos los que le seguirán porque esos son promesa, esperanza, vértigo, inquietud.
Es el tequiero de esta noche. El de tequieroatí, ahora.
- No sé hacer eso.
- Querrás decir que no quieres. - Ni sé, ni quiero. - Entonces, qué sabes hacer. - ¿Quieres que te descosa un rasgón de cielo negro, con sus estrellas, sus cometas y su astronauta desorientado? - No, quiero que hagas lo que te he pedido. - ¿No prefieres que me invente un sueño para ti? Uno bonito, que termine de verdad, que no te despiertes en lo mejor y puedas disfrutar hasta el final. Negué con la cabeza. - Me da vergüenza. - Pues no lo hagas. Y, a pesar de que estábamos solos en la habitación, miró a un lado y a otro, se acercó a mi oído y emitió un suave y casi imperceptible gruñido. |
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